¿Qué es la disociación?
La disociación es una sensación de desconexión de tus sentidos, pensamientos, emociones, identidad o recuerdos. Aunque es un término a menudo asociado con el trauma, la mayoría de las personas la experimentan de forma leve. Por ejemplo, es la sensación de "estar en piloto automático" al conducir por una ruta familiar o soñar despierto en una clase o reunión.
Síntomas de la disociación
Las personas experimentan la disociación en un amplio espectro, desde formas leves hasta severas.
Formas leves
En el extremo más leve, puedes sentir un desapego del mundo que te rodea. A menudo, esto se manifiesta como dificultad para concentrarte en el presente o para involucrarte plenamente en tu entorno y situaciones.
También puedes sentirte desconectado de tus propias emociones, lo que puede llevar a una sensación de vacío o falta de existencia, similar a la fatiga emocional asociada con la depresión. De la misma manera, puedes sentir un desapego similar con tu cuerpo, lo que dificulta que te conectes con sus señales y lo que intentan comunicar. Algunos sobrevivientes han descrito estos sentimientos como si vivieran detrás de un panel de vidrio que los separa del resto del mundo.
Formas graves
En niveles más severos, la disociación puede afectar significativamente tu funcionamiento diario. Por ejemplo, puedes disociarte con más frecuencia, durante más tiempo o con mayor intensidad, llegando a "perder el tiempo", o ser incapaz de recordar gran parte de tu día.
Esto puede llevar a lo que se conoce como despersonalización, la sensación de estar alejado de tu propio cuerpo y pensamientos, como si te vieras a ti mismo desde una perspectiva de tercera persona. Este tipo de disociación coincide con lo que muchos sobrevivientes de abuso sexual han descrito como experiencias extracorpóreas, donde se sentían flotando fuera de su cuerpo.
Aunque disociarse durante el trauma infantil fue una forma vital de protegerte, disociar en la edad adulta puede causar interrupciones no deseadas en tu vida, afectando tu trabajo, tus relaciones y tu bienestar. Si crees que la disociación está afectando tu vida, es crucial que busques ayuda profesional, ya que puede estar relacionada con otras condiciones como la depresión, la ansiedad o el TEPT.
La conexión entre la disociación y el trauma infantil
La disociación es uno de los efectos a largo plazo más comunes del trauma infantil. De hecho, se cree que el trauma infantil es la causa principal en al menos el 90% de las personas que la experimentan.
Esto se debe a la indefensión que siente un niño durante el trauma. Al no tener una opción para luchar o huir, el cerebro recurre a la disociación como una estrategia de autoprotección. La disociación cumplió una función vital: te mantuvo vivo al crear una distancia temporal entre tu mente y una situación que de otro modo habría sido insoportable.
Tu cerebro, que todavía se estaba desarrollando, aprendió a disociar durante esos momentos traumáticos y ha continuado haciéndolo, incluso cuando el peligro ya no existe. El cerebro no es totalmente consciente de este cambio y puede recurrir a la disociación en momentos de estrés para seguir protegiéndote. Sin embargo, esta respuesta automática puede interferir en tu vida diaria como adulto, afectando tus relaciones, tu trabajo, la intimidad sexual y tu conexión con tus propios pensamientos y emociones.